Cartearse en el 2020

¿Acaso se antoja? ¿Acaso es posible?


La información no genera vínculo; los objetos, sí. Byung-Chul Han


Los mensajes por chat en mi celular iban y venían en mayor cantidad que de costumbre. “No salimos ni al súper”, “Mi hermano está contagiado”, “Por fin puedo tomar el curso de arte que tanto quería, ahora es por Zoom”. Estábamos confinados a raíz de la pandemia declarada como tal el 11 de marzo de 2020 y ocasionada por el virus SARS COV-2. Solo nos quedó la virtualidad para seguir estando cerca. Pero, ¿sería suficiente?

Conforme pasaron los meses, la intensidad en los grupos de chat continúo, parecía que a más mensajes más vínculo, “Les mando una foto de hoy, por primera vez salimos, fuimos al Bosque de Chapultepec”. Me detuve y quise hacer memoria, ¿qué recuerdos estaba forjando con mis amistades? Cada nuevo mensaje borraba el previo, estábamos en lo inmediato. Las fotos que enviaban de ellos pronto se perderían entre los cientos de piezas de información almacenada en la nube. Pensamos que volveremos a las fotos y a los videos porque lo digital sobrevivirá por siempre gracias a la gran capacidad de memoria en nuestros dispositivos y en la nube. La verdad es que es tanto volumen y es intangible que se nos olvida.

No había forjado recuerdos con mis amistades durante los meses de aislamiento, ni recuerdos sobre los sucesos de su vida, sobre su sentir. ¿Qué hacer?


—Miren lo que me encontré— irrumpió Óscar en el grupo de chat de mis amigos de la licenciatura—. Esta postal de Barcelona me la envío Gloria en el año 2000.

Quedamos asombrados. Gloria se arrancó a chatear sobre sus recuerdos en ese viaje. Yo recordé que era una asidua escritora de cartas en mi adolescencia, enviaba unas dos al mes a mis amigas, quienes me respondían, a veces con postales de sus ciudades, otras, con postales de los lugares que visitaban.

Yo estaba felizmente confinada en la Riviera Maya, en Quintana Roo, ¿por qué no enviarles postales de su bello arrecife de coral y de la zona arqueológica de Tulum, que mira al mar turquesa? Aproveché que algunos comercios comenzaron a abrir para buscarlas en Playa del Carmen. En un viejo portapostales pintado de blanco, oxidado y casi vacío, encontré suficientes.

Contagié a mi esposo y envío dos postales. ¿Se habrá debido a que fue el bonche de cartas y postales que intercambiaron el último regalo que le dio su mejor amiga antes de morir de cáncer?


Postal de la Riviera Maya enviada por Carla Pascual
Salvador colgó en el refrigerdor la postal que recibió de Carla Pascual

Con Maylin, recordé los cursos de literatura que compartimos; con Salvador, nuestras idas al teatro; con Dulce, Gloria y Tonatiuh, encuentros que se pospusieron por la pandemia. Luego de tres semanas, me contactaron para agradecerme el detalle y Gloria tomó la estafeta, así que le compartí los domicilios de nuestros amigos de la licenciatura. Unos meses después Luis Pablo y yo recibimos sus postales de Mazatlán. “Carlita: disfruto de tomarme el tiempo de sentarme a escribirlas junto con un café, de valorar lo más especial de mi viaje y escribirlo en la postal”. Me sentí motivada para enviar una segunda ronda de postales, esta vez, de Morelia.

“Estuve en Morelia, donde crecí, un par de meses. El home office ha sido un regalo para mi. Mi mamá me compartió recetas de cocina y yo le leí mi autobiografía sobre mi vida en Qatar, una obra que me llevó años escribir. Mi madre sucumbió al cáncer en mayo.”

A Alberto le envíe un abrazo especial por el fallecimiento de su padre por esas fechas. “Ahora ellos viven en nosotros”, le escribí.

Más adelante envíe la postal a Maylin: “Sigo en Morelia, viendo qué hacer con las propiedades, amistades, el hogar que fue Morelia para mi. Supongo que tuviste que hacer lo mismo cuando dejaste La Habana”.

A Dulce le escribí: “Es momento de echar mano de tantos años de meditación, yoga, terapias, rituales; tú me has acompañado en ese camino”. Y a Carmina, cuyo padre falleció hace varios años, le compartí que no supe cómo, pero de repente algo hizo click en mí y logré lo que anhelé por tanto tiempo: reconciliarme con mi madre. “Ahora me siento más vinculada con ella que nunca”. Ironías de la vida y de la muerte.

También aproveché para echar una o dos fotos de recuerdo en el sobre junto con la postal, es decir, me di a la tarea de buscar dónde imprimir fotos. Es posible en las Farmacias Guadalajara. Tristemente, solo Frinée, Leonardo y Dulce recibieron su sobre. Nunca me llegó la postal que me envió Luis Pablo desde Australia.


Postal del Jardín de las Rosas en Morelia enviada por Carla Pascual
Frinée recibió una postal del Jardín de las Rosas en Morelia, la primera pieza de correspondencia en su nuevo hogar.

Me queda el recuerdo de la postal que me envió Gloria de Alemania, está impregnada de uno de los sucesos más importantes en su vida: el nacimiento de la hija de su hermano, la única sobrina de la familia, y cuya llegada al mundo motivó su viaje, junto con la boda de su hermano y conocer a la familia política. Con razón escogió la postal de un jardín de tulipanes colorido, lleno de vida.

Si quieres aventurarte a enviar postales, envíalas en sobre y por correo certificado de Correos de México, así es más probable que alcancen su destino. Y si lo alcanzan, sentirás alegría de haber compartido un recuerdo tangible, de tu puño y letra, en esta era digital.


Postal de Insel Mainau que envió Gloria a Carla Pascual
Postal de Alemania que envió Gloria a Carla Pascual

P.D. Me gusta escribir cartas, me gusta recibirlas, pero me desmotiva que no alcancen su destino. Hace unos 15 años, propusimos una transformación para Correos de México. Bastaba con modificar la red logística. Puede sonar muy complicado, pero esta solución no resultaba amenazante porque no implicaba despedir personal ni introducir maquinaria, aspectos a los que se niegan los sindicatos y otros involucrados. Era un buen momento, en el que no había tantos proveedores de mensajería como ahora. Pero Purificación Carpynteiro, quien comenzó esta transformación, no quiso quedarse como titular -se fue a buscar una subsecretaría-, no alcanzó a escuchar nuestra propuesta y quien la sucedió, no tuvo interés en implementarla, y así siguió pasando el tiempo y aumentando el deterioro.

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